LA HABANA.- Hombre de pocas palabras y mensajes directos, Raúl Castro no tiene el carisma ni levanta el fervor que despierta su hermano Fidel con sus discursos, pero obtuvo un cerrado aplauso de los diputados cubanos cuando dijo que no había luchado en el Cuartel Moncada hace 58 años, en el inicio de la revolución marxista, para perpetuar injusticias.
"Limpiémonos la cabeza de tonterías de todo tipo; no olviden que ya concluyó la primera década del siglo XXI", exhortó el mandatario. Afirmó, además, que el "mayor obstáculo" que enfrentan las reformas económicas y políticas en la isla "es la barrera psicológica formada por la inercia, el inmovilismo, la simulación o doble moral, la indiferencia e insensibilidad". "Más de una vez he expresado -agregó- que nuestro peor enemigo no es el imperialismo ni mucho menos sus asalariados en suelo patrio, sino nuestros propios errores".
El Presidente cubano cuestionó la "visión estrecha y excluyente" y la "mentalidad arcaica" que impera en muchos estamentos políticos, pese a que la libertad religiosa está garantizada por la Constitución, según resaltó.
Ante los diputados, Castro no anunció nuevas medidas, excepto la decisión de su gobierno de "actualizar" y "flexibilizar" su política migratoria, que establece duras limitaciones para los viajes de los cubanos desde y hacia la isla.
"Seremos pacientes y a la vez perseverantes ante las resistencias al cambio, sean estas conscientes o inconscientes. Advierto que toda traba burocrática será inútil. Todas las opiniones deben ser analizadas; cuando no se alcance el consenso, las discrepancias se elevarán a las instancias superiores para decidir", resaltó.
Durante su discurso, enumeró algunas de las reformas impulsadas por su Gobierno, como la ampliación y flexibilización del trabajo por cuenta propia; la autorización para la compraventa de viviendas y vehículos automotores, hasta ahora prohibida;, y la nueva política crediticia para los trabajadores privados y para campesinos. (DPA)